Una buena tarde para morir
16 jun 2008Por
Anónimo
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La imagen de José Tomás, el cuerpo magullado, el traje ensangrentado, dolorido por la herida que llevaba en el muslo derecho, pero con las dos orejas en las manos, cruzando de punta a punta el diámetro de la plaza camino de la enfermería, y los tendidos, sobrecogidos, puestos en pie, al grito unánime de "torero, torero", es de esas que permanecerán para siempre en la memoria de las 24.000 almas que asistieron ayer a una corrida épica que tuvo como protagonista a un héroe de película, revivido en torero de hoy, un mago del valor, capaz de hacer emerger las emociones más apasionantes del ser humano. +
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